De una cámara doméstica al banquillo de Corea del Sur
A los catorce años, Robert Moreno ya estaba entrenando. Y a esa misma edad hizo la cuenta que hacen casi todos los chavales que juegan al fútbol en Barcelona, y le salió mal: no tenía el talento futbolístico para dedicarse a esto.
En casa tenía el ejemplo. Su padre había sido entrenador y tenía el título. Así que Moreno unió lo único que se le daba bien con lo que más le interesaba:
«Soy un poco enfermo de la tecnología y el fútbol. Y cogí una cámara, cogí un ordenador y empecé a grabar partidos.»
La razón era concreta y muy suya: había entendido que, viendo un partido desde la banda, solo se puede mirar dónde está el balón, no lo que hacen los jugadores lejos de él.
Lo que vino después es lo que separa una afición de una vocación. Instaló cámaras en lo alto de las torres de los focos. Su mujer —entonces su novia— grababa los partidos mientras la gente se reía y preguntaba para qué. Analizar un solo partido de chavales le llevaba ocho horas, porque el proceso era lentísimo. Su primer sueldo, ganado trabajando en una oficina de La Caixa, se lo gastó en un proyector para poder llevar el vídeo a los estadios y enseñárselo a los jugadores. Y leyó más de ciento cincuenta libros de fútbol.
«Yo quería entender qué pasaba en un terreno de juego. Yo quería saber cómo podía ayudar a los futbolistas, y es lo que hice.»
Nada de aquello era un plan de carrera. En 2010 no existía en España una profesión llamada «analista de vídeo» a la que aspirar.
La llamada, y la de verdad
Media hora antes de la final del Mundial de 2010, Robert Moreno estaba en casa con su familia esperando el España–Holanda, como medio país. Le sonó el teléfono. Era su amigo Joan Barbará, que llevaba años trabajando en distintas áreas del FC Barcelona. Le dijo que necesitaban un analista de vídeo, y que esa semana le llamaría Luis Enrique.
España ganó la final. Aquel día se le quedó grabado por partida doble.
La llamada que importaba llegó el lunes. Moreno estaba trabajando en el banco. Vio un número desconocido, lo cogió, se fue corriendo a un almacén para poder hablar, y estuvo media hora al teléfono. Al colgar sabía que al día siguiente le llamarían del club para ficharle.
Tenía 32 años y ninguna carrera como jugador detrás. Entró por la puerta que él mismo se había fabricado durante dieciocho años.
Cinco países
Lo que vino después se lee rápido y se hizo despacio.
AS Roma, 2011. Primera salida de España, primera experiencia en la Serie A, primer idioma nuevo. Segundo entrenador.
RC Celta, 2013. Vuelta a España.
FC Barcelona, 2014-2017. Tres temporadas en el cuerpo técnico del primer equipo. El club ganó nueve títulos en ese periodo: la Champions League de 2014-15, dos Ligas, tres Copas del Rey, la Supercopa de Europa y el Mundial de Clubes de 2015 y la Supercopa de España de 2016. La primera de esas temporadas se cerró con el triplete.
Conviene decirlo con precisión, porque es donde más se exagera: fue segundo entrenador, no primer entrenador. Formó parte del cuerpo técnico que ganó esos nueve títulos. Es un mérito que no necesita inflarse.
De aquella etapa cuenta una escena que explica mejor que ningún título cómo trabaja. Un día llamó a Andrés Iniesta a su despacho y le hizo una pregunta directa: con partido cada tres días y sin tiempo para entrenar, ¿cuál era la manera más eficiente de ayudarles?
«Me dijo: «Robert, decidnos dónde están los espacios.»»
A partir de ese día, el trabajo de vídeo cambió de enfoque: detectar espacios y carencias del rival, a veces mínimos, y señalárselos. También estudiaron los desplazamientos de Messi para que sus compañeros compensaran el espacio que dejaba al venir hacia dentro. «Se lo decías muchas veces casi sin vídeo y iban y lo hacían», resume. «Lo entendían.»
Selección española, 2018. Entra como segundo entrenador.
Selección española, marzo de 2019. Asume el cargo de seleccionador. Dirige nueve partidos: siete victorias, dos empates, ninguna derrota. España se clasifica para la Eurocopa 2020 sin perder un partido.
Termina en noviembre de ese año. Sobre lo que ocurrió ha mantenido siempre la misma posición, y no ha variado con los años: lo que pasa dentro se queda dentro.
Los años difíciles, que son los que enseñan
AS Mónaco, diciembre de 2019 – julio de 2020. Primer banquillo como entrenador principal en un club extranjero. Plantilla joven y de mucho valor de mercado. Y una temporada partida por la mitad por una pandemia. Siete meses.
Granada CF, julio de 2021 – marzo de 2022. LaLiga, un contexto institucional complicado, y victorias contra rivales de nivel europeo. Nueve meses.
PFC Sochi, enero de 2024 – septiembre de 2025. Un año y ocho meses. Y el más difícil de contar en un titular.
Cogió un equipo en crisis. Descendió. Se quedó. Y lo devolvió a la Premier Liga rusa en 2025.
Lo hizo solo. La familia se quedó en España, y él pasó allí un año y ocho meses. Aprendió a dirigir un vestuario en un idioma que no dominaba y descubrió, como ha contado después, algo sobre sí mismo que no esperaba: que aguantar esa distancia le costaba mucho más de lo que creía.
Son tres etapas cortas. Él no lo discute. Lo que sí ha señalado, y es verificable, es lo que queda de cada una: en Mónaco, el desarrollo de Aurélien Tchouaméni y Youssouf Fofana; con España, primeras convocatorias de jugadores que hoy son internacionales fijos; en Sochi, un ascenso.
Lo que aprendió por el camino
Hay una frase suya que resume mejor que ninguna otra en qué se ha convertido su oficio:
«Antes el 100% de mi tiempo era la táctica, la metodología, preparar partidos, analizar rivales. Pero ahora me he dado cuenta de que eso era un 20% de lo que es ser primer entrenador. Y el otro 80% es básicamente relacionarte con personas.»
Es una afirmación curiosa en boca de quien llegó al fútbol profesional precisamente por el otro veinte por ciento. Y explica por qué su manera de entrar en un país nuevo no empieza por la plantilla:
«Me interesa más, cuando voy a un país, saber qué cultura tiene y cuáles son los niveles de comunicación. No es lo mismo hablar con alguien ruso que con alguien de Francia, del mundo árabe o americanos. Esa parte que es invisible para el gran público es muy importante para un entrenador.»
Corea
El 1 de septiembre de 2026, la Federación Coreana de Fútbol anunció su nombramiento como seleccionador nacional.
El detalle que no conviene pasar por alto es cómo llegó. No fue una llamada de teléfono como la de 2010. Fue una convocatoria pública y abierta, con criterios publicados, la primera de esas características en la historia de la federación coreana. Se presentó con un cuerpo técnico cerrado de seis personas y un proyecto por escrito, y pasó el proceso.
Es el primer entrenador español al frente de la selección de Corea del Sur. Su mandato es de seis partidos, hasta el 27 de noviembre.
Corea es el quinto país en el que trabaja, después de España, Italia, Francia y Rusia. Es también el segundo en el que dirige a una selección nacional, dieciséis años después de subir una cámara a lo alto de un foco para ver el campo desde arriba.
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